Desde dentro se oyó un golpe seco. Elena Morales se quedó inmóvil, inclinada sobre la bolsa caída.
Los vecinos se quejaban: “Su perro aúlla”. Puse una cámara y vi quién venía a verlo durante el día.
Pasar la noche en una clínica veterinaria es un poco como vivir en un piso compartido con vecinos muy raros.
En mi clínica veterinaria hay una norma que nadie ha escrito, pero todos respetamos: los transportines