Aguacate
El teléfono de Clara comenzó a sonar pocos minutos después de la entrega. Mercedes llamó repetidamente.

— Voy a impedir que quienes la consideran un error puedan decidir su futuro, repitió Clara.

Bajo la manta había seis cachorros recién nacidos. Eran diminutos. Cinco se apretaban unos contra otros

— Y sobre nosotros… — continuó Álvaro—, no quiero despedirme fingiendo que ya no me importas.

— Nadie toque ningún interruptor — ordenó el técnico—. Abran la puerta y salgan despacio. Cerró la llave

— Soy la mujer que pagó todas sus deudas. Y también la persona a la que prometió casarse antes de que

— Mamá, ¿otra vez dejaste el calefactor encendido toda la noche? Clara ni siquiera intentó sonar amable.

Me llamo Amalia Vértiz. Tengo sesenta y dos años, y durante casi cuarenta levanté una cadena de hoteles

A las siete de la mañana, Víctor llamó a Gerardo y dijo una sola palabra: — Perra. Gerardo abrió un ojo.

Tania dejó el sobre sobre el mantel blanco, delante de la novia. — Inés, — dijo con voz firme.
