ES
09
EL EMPRESARIO QUE RECORRIÓ TODO LOS ÁNGELES BUSCANDO A LA MUJER QUE LE SALVÓ LA VIDA… Y LA ENCONTRÓ TRAPEANDO EL PISO DEL HOSPITAL
Lo primero que Eduardo Vega preguntó al volver de la muerte no fue por agua. No buscó su teléfono, ni
Fajna Tajna
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05
No puedo esta noche
No puedo esta noche, ella va a estar en casa. La puerta del baño se cerró con suavidad. Eso fue lo que
Fajna Tajna
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04
La chancla de la suegra
El día que Dalia dejó de ser la sirvienta de su propia casa empezó con un olor a frijoles quemados y
Fajna Tajna
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04
El cheque que cobré sin despedirme
Eran las diez de la noche cuando entré al banco en línea. La pantalla del teléfono iluminaba mi cuarto
Fajna Tajna
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05
Sesenta y dos mil cuatrocientos dólares
El sobre llegó un martes, justo un año después de la noche en que Marcos me rompió una costilla.
Fajna Tajna
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04
Cincuenta mil dólares por una serpiente
Trabajo como guardabosques en el Parque Nacional Saguaro, al este de Tucson. Llevo once años recorriendo
Fajna Tajna
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05
Mi primo se casó con una mujer ciega, todos creyeron que fue por lástima. La verdad la supe el día de su funeral
Mi primo Daniel era el mayor de los tres, pero siempre fue el más callado. Tenía un taller de reparación
Fajna Tajna
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03
El anillo que delató al novio
El día antes de la boda, mi abuela Carmen me entregó su viejo anillo de oro y me dijo: —Póntelo mañana, Valeria.
Fajna Tajna
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06
La hija incorregible
Valeria era la única muchacha en una casa llena de carácter. Sus padres, doña Alba y don Ricardo, la
Fajna Tajna
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02
El día que enterraron a Emilio González, el cielo de Los Ángeles lloraba una lluvia fina que no limpiaba nada. La iglesia de Nuestra Señora de la Soledad, en pleno corazón de Boyle Heights, estaba llena de hombres de traje negro y mujeres con velo. Todos miraban al frente, al altar donde un ataúd de caoba reposaba bajo un manto de rosas blancas. Nadie hablaba. Afuera, sobre la Avenida César Chávez, había al menos cuarenta camionetas blindadas con vidrios polarizados y tipos que fingían leer el periódico.
A la derecha del féretro, inmóvil como una estatua, permanecía Mauricio González, el único heredero del
Fajna Tajna